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sábado, 12 de abril de 2014

SOLEDAD




 Relato realizado para el 1er. Concurso de microrrelatos de Los Belones. Espero que os guste tanto como a mí el haberlo creado. Realmente es una modificación del relato El muelle


Deambulo. No tengo ganas de nada, ni siquiera de seguir con este teatro de vida que me ha tocado vivir. ¿Para que? Cuando parecía tenerla cerca se escapó de entre mis dedos como la fina lluvia que ahora cae...

La avenida que hay junto al puerto nunca me ha parecido tan abandonada y lúgubre. El suave batir de las olas me llega como un débil susurro; un deje de melancolía parece escapar en cada vaivén.

Todo me parece más triste y gris que nunca.

Como cada noche, hasta el amanecer, permanezco sentado al borde del viejo muelle y vuelvo a sentir el mismo temor.

El temor a que se olvide de mí y no vuelva a verla…


Iván Rivas Solano.


martes, 19 de noviembre de 2013

La espera (Lucas)


Ya le dolían las piernas por permanecer en la misma postura casi media hora. De hecho, sentía el típico cosquilleo en el pie izquierdo que solía anunciar la falta de riego sanguíneo y por consiguiente el adormecimiento del mismo.

Y el maldito italiano seguía sin moverse.

El soldado llevaba el mismo tiempo inmovil que Hugo (¿?) apoltronado entre ese amasijo de hierro y cemento que, para alegrar el tema, olía a inmundicia. Como todo ese jodido pais.

 

Hugo iba de camino a lo que él llamaba la “zona segura” cuando se vio sorprendido por un cuartel improvisado. Abundaban mucho aquellos días turbulentos donde pasear tranquilamente por la ciudad era todo un lujo impensable. Aquel tiempo de diversión con los amigos había quedado muy atrás pese a que solo habían pasado 5 días.

 

La postura ya empezaba a resultar horrorosamente molesta hasta el punto de pensar en correr el riesgo de moverse ligeramente para aliviar el peso de su cuerpo sobre las piernas. Pero no. Ese tipo era un soldado pero también persona. En cualquier momento tendrían que hacerle el relevo. Momento que aprovecharía para retirarse a la esquina por la que había venido, tan solo a dos metros mal contados.

 

Pero el momento seguía sin llegar…       

jueves, 10 de octubre de 2013

¿Un dia cualquiera?


Son casi las 4. Mi coche presume que voy a forzarlo para llegar a tiempo a clase. Y así era hasta el momento en el que un semáforo decidió ponerse en rojo. Ese día me fijé en un bar sin nombre que se situaba en ese cruce, en una esquina.

Mi respiración se detuvo, mi corazón se paró durante un segundo y mi boca se entreabrió, dejando escapar el poco aire que en ese momento me quedaba en los pulmones.

 

Era ella. La chica que había buscado durante tanto tiempo. Había estado siempre allí esperándome, día tras día.

Creí ver que le sonreía a un cliente. En ese momento no me fije si realmente lo hacia por cortesía o simplemente era una sonrisa sincera. Solo veía una cara perfecta, inmaculada y unos rasgos que rozaban la perfección.

 

Y allí estaba ella, una camarera de barrio deslumbrando a un servidor, a un aspirante de la vida, a un soñador.

 

 

¿Alguien puede llegar a enamorarse de alguien a la que solo observa durante unos segundos?

viernes, 23 de agosto de 2013

VUELVE A CASA POR NAVIDAD 2ª PARTE


 
 


 
Ese primer dia fué duro, la verdad, pero me sirvió para darme cuenta de que pocos destrozos habían hecho: cuadros de mis antepasados destrozados, pequeños objetos hechos añicos esparcidos por el suelo de varias habitaciones y la mayoría de las ventanas rotas. Curiosamente tampoco quedaba nada de la alfombra persa de principios del siglo pasado que adornaba la entrada y la gran mesa del comedor de madera de roble estaba hecha astillas.

Pero todo eso no era nada. Habían destrozado los objetos que sabían, casi con total seguridad, que no estaban manipulados con trampas. Casi.

Al entrar en una de las habitaciones de invitados pude divisar un reguero de sangre, ya seca y casi inexistente. Dejaba su estela hasta el alféizar de la ventana, ahora destrozada.

Una sonrisa salvaje afloró en mi rostro y me deleité imaginandome la escena que luego resultó ser cierta. Una pierna, seccionada a la altura de la rodilla, se encontraba en el suelo junto a un cable de acero ya destensado. Hinqué una uña en la parte trasera y probé una gota de sangre. Era humana, pero tenía una textura final diferente. Diferente pero no desconocida para mi.

Era sangre Ventrue.

Si, definitivamente esa pierna pertenecía a un ghoul. Y ojalá estuviese muerta esa escoria chupaculos.

Los siguientes dias estuve aletargado y, cuando me sentía mas lúcido, colocaba trampas (algunas nuevas, otras que solo necesitaban ajustes y unas pocas curiosamente desactivadas).

Una vez realizado ese tedioso trabajo que me hastiaba por tener que usar bastante sangre a la par que una concentración extrema, me dispuse a descansar. Pasaba las horas nocturnas mirando por las ventanas para observar posibles movimientos sospechosos.

Extrañamente no me percaté de nada y eso que había entrado en la mansión de la peor manera posible: perseguido y haciendo bastante ruido.

Era completamente anormal el hecho de que no hubieran intentado algo más sabiendo que estaba en clara desventaja y debilitado por los meses vagabundeando por las cloacas. ¿Podría tratarse de una tregua? Lo dudaba mucho. Si hubiese sido asi no me habrían perseguido como a un perro.

Lo que estaba claro, de momento, era que por ahora estaba a salvo y lo ocurrido con el ghoul reforzaba esa imagen de seguridad. Pero habían pasado dos largos años. Eso, en una gran ciudad, era muchísimo tiempo. Adiós a mis zonas de caza y mis escondites temporales.

Los Ventrue habrían cambiado con total seguridad su zona de caza y necesitaba saber que zonas se quedaban libres para mí.

Joder, vuelta a empezar de cero.

Pero aun me guardaba un As en la manga...

 

sábado, 17 de agosto de 2013

VUELVE A CASA POR NAVIDAD


VUELVE A CASA POR NAVIDAD

 

Llevaba ya casi una semana sin salir de la mansión. Aun no tenía muy claro como logré recuperar mi hogar pero allí estaba, sentado en el sillón de mi despacho a la espera de que la cosa se calmase. Suponía que tendría que darles las gracias a mis ancestros, pero no lo haría. Conociéndolos como yo me conocía a mi mismo, si ellos hubiesen influido mínimamente en algo habría sido para que no cayese la mansión, último baluarte Ravnos del territorio, pese a que nos perteneciese desde los primeros tiempos. Pero eso era un tema extenso que ya os contaré…

 

Pues bien, volviendo a la historia que nos atañe, llevaba ya 6 días encerrado sin intención de salir, por el momento. Aún me quedaba alimento para una semana más y lo iba a exprimir hasta la última gota.

Pero ya me estaba recuperando. De hecho, este era el segundo día que descansaba bien y ya me sentía casi perfecto. La primera noche que logré entrar en la mansión la dediqué exclusivamente a explorar los alrededores, el extenso jardín y las fachadas, puertas y ventanas del edificio.

 

Ese primer día me obligué a no caer en trance a base de fuerza de voluntad. Lo dediqué a explorar el interior de mi hogar me llevé una desagradable sorpresa: los bastardos se habían colado por la única ventana que no estaba protegida. Dicha ventana era la que pertenecía al antiguo cuarto de Roderick. Tras su muerte todo había ocurrido tan deprisa que se me pasó por alto protegerla.

 

En ese momento no me paré a pensar en como habían logrado entrar por el único sitio que estaba libre de trampas.

 

Pero en muy poco tiempo lo descubriría…